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11 ene. 2010


Noche de Soul y Nieve

Pocas veces se verá un concierto lleno desde los teloneros, pero qué teloneros: The Right Ons, el grupo español de soul-funky de nuevo cuño más reconocido.


Se esperaba mucho de ellos esta noche, y mucho dieron, pero mucho más podrían haber dado. Quién sabe si su condición de teloneros les impidió explayarse más. Se les notaba encorsetados, sin libertad plena para hacer su espectáculo. Así que hicieron su trabajo, tocar, y tocar bien, eso sí a una velocidad más alta de la normal en ellos. Hubo pocos detalles con el público con una media de edad ligeramente superior a las audiencias que suelen acostumbrar, pero que a pesar de todo terminaron por hacer bailar al personal.

Es Right Ons un grupo inusual, ¿hacen rock, hacen funky?, hacen su música. Si se piensa bien no es tan raro el grupo, un bajo, un batería, un teclista que hace el resto de la percusión, un guitarra y un cantante con guitarra. ¿Un cantante? Noooo. En este grupo tienen dos, un cantante delante y otro detrás. Álvaro el cantante líder, al frente, con su guitarra, su armónica, su chaleco, su barba cuidada, su sonrisa picarona y los gritos típicos del soul, y detrás, como un portero que marca goles, Ramiro entre los timbales y los platos sin dejar de mover las baquetas, aún puede cantar.


Ofrecieron al público una versión ligeramente acelerada de sus temas más conocidos Walking on the River, New York, Do Your Thing, Thanks,.. y lo hicieron bien, consiguieron hacer entrar en calor al público en un nevado día en la capital, que llegó a su punto álgido cuando “secuestraron” a la sección de viento de The True Loves para acompañarles en su interpretación funky del Satisfaction de los Rolling. Dejando a los presentes con las caderas y las palmas listas para la sesión de baile descomunal que les esperaba.

Y es que lo que esperaba era, damas y caballeros, ladies and gentlemen, Eli “Paperboy” Reed and the True Loves. Y eso son palabras mayores.

Eli (se dice Ilai) es un tío enorme, que viste en el escenario de forma elegante, con traje y camisa y luce un tupé que recuerda a gramolas, y cafeterías con leche malteada . Cuenta además con una voz primordial y una capacidad pulmonar que ya quisieran muchos atletas.

The True Loves es una banda como las de antes, siete músicos buenísimos con su respectivo instrumento. Eso sí, parece que Eli se hizo un viaje por la Ruta 66 y fue recolectando músicos que amenizan las cafeterías y garitos de moteros a ambos lados de la mítica carretera. Dispuestos de izquierda a derecha: trombón, saxo, trompeta, batería, guitarra, bajo y teclado en perfecto semicírculo para dejar el resto del escenario al llamado James Brown blanco, y es que Eli es blanco, lo que no se puede deducir por su voz. El mejor ejemplo del porqué de la comparación lo tenemos en la canción que abrió su actuación: Satisfier.

El señor Reed y su banda evocaron con su música a otras épocas. Todas sus canciones provocan el curioso efecto en quien las escucha por primera vez de dar la impresión de haber oído esa canción antes, mucho antes, en la banda sonora de alguna película antigua. Te deja con la sensación de que es la versión de una de Otis Redding, The Platters o de cualquier otro cantante de esa época, incluso Am I just Fooling for Myself evoca a bailes de fin de curso como el “Encantamiento bajo el Agua” de Regreso al Futuro.

Con Take my Love with you, Eli y los suyos se ganaron a todo el personal (si es que había alguien que no se había rendido ya a ellos) Con su estribillo fácil y pegadizo y la interactividad de las palmadas sincronizadas.



Su salida antes del bis fue más corta de lo habitual, con toda la gente, incluida la ubicada en los palcos del segundo piso, pidiendo que volvieran, y vaya si volvieron, Eli se descolgó la guitarra, se deshizo de su brillante chaqueta marrón, mostrando cogió todo el aire que pudo a su alrededor y nos deleitó con su grito característico, que si no lo es ya, va a pasar a formar parte de la iconografía del soul. Ladeado hacia su derecha con la boca totalmente abierta, los ojos cerrados, su tupé de los 50, los codos a los costados y los puños a escasos centímetros de sus hombros. Dio todo lo que quedaba en su cuerpo, se desgañitó, se contagió del ambiente que había creado, terminó la canción y cuando los acérrimos estaban deseando que llegara el culmen de la noche, el sprint final para las caderas, la canción que habían esperado, el broche de oro para una noche de soul, cuando se coreaba a modo de réplica BOOM-BOOM, Eli y su tropa abandonaron el escenario.

Sí, amigos, los asistentes a tan agradable velada nos quedamos sin postre. En el set-list que algunos afortunados se quedaron aparecía en último lugar (Doing the) boom-boom, pero nos quedamos sin él: como un regalo sin lacito, como una tarta de cumpleaños sin velas, como una foto velada, como una dentadura preciosa sin premolares.

Y es que cuando en la Joy se va el grupo y empieza la música de ambiente, el grupo no vuelve a aparecer en el escenario. Esta vez fue un significativo “This is the End” de los Doors el que nos convenció que no habría clemencia para nuestro deseo.

Natxo Nieto

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