Síguenos en Facebook Favorites

7 feb. 2010


Eco y Miedo en Vistalegre

5 de febrero de un viernes noche, concierto prometedor, en el bolsillo una entrada comprada hace meses y buena compañía. Suelen ser ingredientes suficientes como para pasar una buena noche. Pero las buenas noches pueden torcerse gracias a diversos factores.

Se presentaban Arctic Monkeys en el Palacio de Vistalegre ante un masivo público juvenil, una legión de adolescentes y postadolescentes a los que la organización permitió entrar por un solo punto de acceso. Tras dar una vuelta por los exteriores del Palacio y presentar la entrada ante el personal de acceso que le hizo el mismo caso que si se le presentase un cupón de la ONCE caducado y sin premio. Sin lectores de código de barras es facilísimo entrar con una entrada falsa, y quizá por ello la plaza estaba, como decían aquellos cómicos, “abarrotá".

El promotor hizo un flaco favor a los teloneros eligiendo este emplazamiento. La mitad del público en pista no puede ver el escenario, ya que no hay desnivel en la pista, y el sonido que se recibe en esa zona se resiente gracias a los ecos procedentes de todas partes. No podemos hacer una crónica decente de la actuación de Mistery Jets porque sencillamente no se puede hacer valoración de algo que no escuchas con la mínima calidad.

La salida de los teloneros fue aplaudida, y la espera del plato fuerte, Arctic Monkeys, fue tensa y larga. Fue tensa porque en pista, incluso en las zonas más alejadas, todo el mundo buscaba mejor sitio, sin aplicar el concepto de la impenetrabilidad de los cuerpos en la práctica. Y fue larga, más de media hora, a alguna chiquilla se le hizo tan larga la espera que le dio tiempo a ingerir más alcohol que el que sus menudos cuerpos eran capaces de tolerar, observándose el fenómeno de la regurgitación sobre la pista más de una vez.

Debo hacer mención a una chica que tuvo que ser llevada en volandas por el único punto de evacuación. Menos mal que no ocurrieron más desgracias, pues las consecuencias podrían haber sido catastróficas.

Por fin salieron los Arctic Monkeys. Sin presentación alguna y con más watios que sus predecesores lanzaron el primer tema a modo de calentamiento, sin estridencias, para calentar los músculos ante la trilogía cañera Brianstorm-This House is a Circus-Still Take You Home durante la cual algunos espectadores noveles decidieron que su sitio no estaba en medio del pogo por muy cerca que estuvieran del escenario. El ambiente se relajó un poco con Potion Approaching y la versión de Red Right Hand (Nick Cave and the Bad Seeds). Así llegamos a la fase de la presentación de su último disco Hamburg con My Propeller, Crying Lightning y Cornerstone como piezas más representativas salpicadas por I bet you Look Good on the Dance Floor, canción celebrada como un gol en medio del coso.

Los chicos de Sheffield se movieron poco, ya transmitían sus canciones por ellos, demostrando que en esta gira se tienen aprendidos el guión y la fórmula de presentar sus temas y que no hay necesidad de cambiarlo, pero en próximas giras algunos temas de Hamburg tendrían que acabar desapareciendo del setlist, para que el público no se disperse demasiado. Se echaron de menos temas como Teddy Picket, Mardy Blum o Dancing Shoes, que hubieran ayudado a prolongar el concierto que no llegó a la hora y media.

En el bis de rigor Fluorescent Adolescent apareció en escena con un anexo para bailar agarrado, y el fin de fiesta fue un soso 505 a modo de despedida.

Salir de la pista de la plaza de toros por los toriles es una experiencia que no todo el mundo tiene, pero cuando lo haces a la vez que cientos de personas es toda una aventura ¿qué pensarían los ingleses y franceses que acudieron al concierto de nuestra forma de organizar las cosas?

Natxo Nieto

2 comentarios:

Su dijo...

buena crónica :-)

Anónimo dijo...

Nunca vi a alguien describir vomitona de esa manera.

Me ha gustado mucho y me he reído un montón!

Seguid así!