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15 jun. 2012


Optimus Primavera Sound 2012

Por Natxo Nieto

Dia1. 7 de Junio 2012

¿Alguna vez habéis montado en un avión con la sensación de que todo el mundo va a lo mismo que tú? Vale, puede que en un vuelo a Ibiza yendo todos en chancletas y bermudas, o encorbatados en un puente aéreo. Pero en este avión era distinto. A pesar de la diversidad estética algo nos dice que todos nos veremos en el Parque da Cidade de Matosinhos durante el primer Primavera Sound de Oporto.


Y es que el festival barcelonés se ha expandido al país vecino, y muchos españoles, franceses, ingleses, irlandeses, italianos, finlandeses, noruegos, alemanes, holandeses, y demás fauna europea decidimos acercarnos a ver la novedad.

La organización eligió y acondicionó un recinto idóneo para los conciertos. Con dos escenarios principales en paralelo y con una suave cuesta de césped como grada (Optimus y Primavera). Otro escenario en una carpa sobre una explanada de cemento (Club), y uno pequeño en una praderita rodeada de árboles (ATP). Dando una sensación entre la comodidad de un campus universitario, la cercanía de unas fiestas de  pueblo y la solemnidad de un festival medio.

Tan bucólico marco fue disfrutado por los puntuales que llegaron a primera hora y pudieron ver a StopEstra!, Bigott a sus anchas, sin colas ni apretujones. A partir de ahí la entrada fue masiva y, como en todo gran festival, la gente no sabía a qué cola acudir para obtener su pulsera, y se puso en la primera que veía. Qué costará poner a un voluntario al final de cada fila indicando para qué es esa fila.

 
Para cuando conseguimos entrar, Atlas Sound ya había terminado su actuación, y nos acercamos a la ladera del escenario Optimus cuando la organización nos obsequió con la primera sorpresa; repartieron unas bolsitas naranjas de tela que se transformaban en mantel de picnic a cuadros. Mantel sobre el que muchos optaron por sentarse para atender al concierto de Yann Tiersen.

El músico francés y su banda comenzaron con melodías electrónicas que  incluyeron temas como Palestine, cuando la lluvia hizo acto de presencia. Cuando nos temíamos que el festival iba a estropearse, la organización, en un alarde de reflejos y previsión, sacó a sus voluntarios a repartir chubasqueros. Aunque el reparto de los mismos pareciera el de ayuda humanitaria en Somalia. Y es que ni el moderneo, por muy europeo que sea, se libra de la tentación de obtener algo gratis.
Mientras Yann en su discurso, trataba de suavizar las circunstancias con un “rain is cool”. Afortunadamente, la lluvia fue breve y  Yann cogió su violín, en un concierto correcto, pero no memorable.

La posterior cita era en el escenario Primavera con los chicos de Brooklyn The Drums, y su colección de flequillos raros, que dieron un movido concierto ofreciendo un repertorio que pasó por Best Friend, How it Ended, Money entre otros, en el que destacaba una línea de bajos similar a la de Joy Division (parecía que iba a comenzar Love Will Tear Us Apart en cualquier momento), y tuvo su culmen en uno de los temazos del festival: Let’s Go Surfing, que consiguió que el bailoteo llegara mucho más atrás de la mesa de los técnicos.

Los veteranos Suede fueron los siguientes sobre el escenario. El grupo inglés ofreció un show con sus temas clásicos y más conocidos como Trash, So Young, Animal Nitrate,… que consiguieron un coro de miles de gargantas.
La banda de Brett Anderson hasta se permitió un bis, que cumplió con Saturday Night y Still Alive, con la que se despidieron de Portugal.

Mercury Rev, en sustitución de Explosions in the Sky, trataron de lucirse en su turno, como afirmando que no son segundo plato, y trató de dar espectáculo a través de su cantante que apareció con botella de vino en ristre, y dio cuenta de ella durante el concierto. No se olvidaron de tocar Goddess in a Hiway ni You’re my Queen, quizá sus temas más conocidos en una puesta en escena correcta, dominada por las luces rojas y la niebla por doquier.

Y tras un traslado de unos metros, nos volvimos a presentar frente al escenario Optimus para ver el último grupo del día: The Rapture. Cuya actuación, para el que esto escribe, fue la mejor de la noche. La más movida, más bailable, con una mezcla de electrónica, funky y rock de lo más bailable y pegadiza. La puesta en escena se basaba en un potente bajo, una guitarra esporádica de rasgueo rápido, una batería frenética, arreglos al teclado, y salpicones de saxo. Comenzando con In the Grace of Your Love, pasando por Echoes o Miss You y  terminando con How Deep Is Your Love?, tema que abandona el bajo que había sido tan destacado el resto del concierto y que se convirtió en el temazo del día.

Y así se cerró el primer día del primer Optimus Primavera Sound, con un buen sabor de boca y la gente canturreando “how deep is your love?” camino de la parada de autobús, donde un repentino chaparrón probó nuestros nuevos chubasqueros.


Dia 2.  8 de Junio 2012

Tras bajarnos del moderno y lento metro de Oporto en Matosinhos Sul, caminamos durante un largo rato siguiendo las señales hasta el recinto. Donde el buen tiempo nos estaba esperando para disfrutar del primer día de festival en el que había que elegir, porque había solapes e incluso conciertos simultáneos. Y es por estas cosas por las que al hablar al final con otros asistentes por las que parece que se ha estado en festivales distintos.

Nuestra elección fue comenzar con Tennis en el escenario ATP (¿a nadie más le llama la atención esta asociación de nombres?) y fue de lo más relajado, tumbados en la hierba, a escasa distancia, con unas cervezas de medio litro a 3,50 € conseguidas sin esperar y con poco público debido a que era temprano, y a la vez tocaban Yo la Tengo en uno de los escenarios principales. Esta actitud laxa del público, estaba acorde con la suavidad de la música. ¡Qué bonito todo!

Tras desperezarnos bajamos a los escenarios principales, a saciar la curiosidad por ver a Rufus Wainwright y su banda, su numerosa banda, que comenzó cantando a capella Candles, y siguió con distintas combinaciones de instrumentos e instrumentistas, o con Rufus y su extravagante vestuario solos en el escenario, como en One Man Guy (versionada de su propio padre). Una actuación en la que el virtuosismo ganaba por goleada a la popularidad de las canciones, y que fue culminada con el Hallellujah de Leonard Cohen. No nos arrepentimos de la elección.


Y tras la calma, llegó la fiesta. Es así como se puede describir una actuación de Flaming Lips, sorprendente, excesiva, efectista, visual, divertida… y programada. Quizá el haberles visto hace apenas un año provocó que no luchase por un sitio más cercano. Y lo vi sentadito en la lejanía de la colina (cada vez me gusta más este recinto). Me guardaré de contar lo más espectacular del apartado visual, para que siga siendo una sorpresa para quien acuda por primera vez en futuras actuaciones de la banda de Oklahoma. Wayne Coyne, con el escenario lleno de figurantes, confetis, globos, y elementos bizarros, junto con el resto de la banda no se olvidaron de sus temas Yeah Yeah Song, Yoshimi, Race for the Price o Do you Realize?, con la que se despidieron del público portugués.

Descenso en picado desde la colina hasta la zona llana del escenario de al lado para poder ver de cerca de Wilco, uno de los grupos más esperados, que no defraudó. La banda liderada por Jeff Tweedy ofreció un amplio repertorio en el que faltaron Monday, o Wilco. Pero sí estuvieron I Might, Impossible Germany, Via Chicago (durante la que el iluminador y la banda, salvo Tweedy, presentaron arrebatos metaleros), Jesus, Etc.
Durante las cuales, el cambio de guitarras era constante y la sección de cuerda mostró una coordinación excepcional.

Cambiamos de escenario, y visitamos por primera vez la carpa del escenario Club para asomarnos a la función de The Beach House. Con un decorado consistente en tres somieres, o palés en vertical tras los cuales los focos iluminaban, ejerciendo curiosos efectos de luces. Con los tres músicos repartidos en el escenario, bien separados, y sin cruzar ninguno la parcela del otro, hicieron vibrar a un público entregado aunque hubo parte, en la que me incluyo que no vio el final, por ganar un puesto bueno en el siguiente concierto.

Una especie de trol con probóscide nasal apareció sobre el escenario Optimus, justo antes que apareciera M83; el grupo francés del momento, que con su mezcla de sintetizadores e instrumentos rock y con una entrega corporal respetable dispuso todos los elementos para pasar un buen rato cuyo momento culmen llegó con Midnight City.


Día 3. 9 de Junio 2012

Con una lluvia fina cayendo desde mediodía, nos temíamos que todo el buen rollo del día anterior se transformase en una barrizal digno de Woodstock o Glastonbury y casi acertamos.
El suelo drenó decentemente lo que pudo salvo algunas zonas de paso que sí llevaron barro. La organización trató de paliar los efectos de la climatología repartiendo más chubasqueros, que uniformaron al público.
Los Right Ons se llevaron la peor parte, iban a tocar en el escenario principal, lo que sería un lanzamiento a nivel internacional, pero en vez de eso, se encontraron tocando en una esquinita del escenario Optimus, con poco público apelotonado en las primeras filas, y con cuidado de no pisar fuera de la zona marcada, porque el resto del escenario parecía una piscina. Más que un concierto parecían, a la vista, unas pruebas de sonido. Sin embargo, Álvaro, Ramiro y los demás no se dejaron amedrentar y tuvieron una actuación más que digna sobre un escenario en el que Death Cab for Cutie tenían programado tocar y no lo hicieron, para decepción de los asistentes, a pesar de los esfuerzos de múltiples operarios por achicar y acondicionar el escenario a tiempo.


En el extremo opuesto al grupo madrileño se encontraron Baxter Dury, ya que al tocar en un escenario con carpa durante la lluvia, más público del esperado se acercó a su show. Y salieron encantados de haber conocido a estos ingleses y su propuesta.

Tras la decepción de Death Cab for Cutie, tratamos de desquitarnos con Afghan Whigs y su potencia de cuerdas. Tres guitarras y un bajo, al que ocasionalmente se sumaba un contrabajo manejado por el teclista. La banda de Greg Dulli convenció a los fans (había unos cuantos) y sorprendió para bien a los neófitos en su música. Me incluyo en este último grupo.

Visitamos la amplia zona de comidas durante la actuación de Kings of Convenience, aunque nuestra ausencia no se notó, ya que la afluencia fue masiva, y la colina estaba más que poblada de festivaleros envueltos en el plástico blanco del chubasquero, que acaba oliendo a colchoneta de playa.

Tras la cena, fuimos directamente al escenario donde tocaría Saint Ettiene, dispuestos a bailotear y pasarlo bien, y no encontré mejor sitio para ello porque creo que no lo hay, centradito y en primera fila. Fiestón aumentado gracias al frente gallego que nos rodeaba. Y eso que escénicamente la formación londinense fue de lo más sobrio, soso incluso. Esperable de Bob Stanley y Pete Wiggs tras sendos grupos de sintetizadores, pero sorprendente en la frontwoman Sarah Cracknell que si bien nos ofreció temas como Tonight, DJ, When I Was Seventeen u Over the Border, se movió bastante poco, quizá mosqueada porque en la primera canción apenas se la escuchaba, o quizá porque casi es alcanzada por una pelota de playa lanzada desde el público.


Ya sin más rastro de la lluvia que el suelo mojado, algo de barro y nubes despistadas, The XX salieron a escena. Con la sobriedad escénica y musical acostumbrada, y un hieratismo estético, sorprendieron al no empezar con Intro, sino con Devotion. Seguidos a través de las pantallas, debido a la lejanía, fueron transcurriendo Islands, VCR, Crystalised, con las pantallas siempre en blanco y negro. Pero en el escenario una gran X de metacrilato proyectaba unos juegos de luces muy evocadores, que en ocasiones recordaban al famoso prisma de Pink Floyd descomponiendo en haces de colores la luz blanca.

Como última actuación nos acercamos a ver cómo se desenvolvía John Talabot mientras hacíamos algo de tiempo ya que nuestro avión de vuelta salía temprano, nuestro equipaje estaba en la taquilla y era complicado pillar un taxi en ese momento en Matosinhos.

Y qué bonito es montarte al avión y compartir con la mayoría del pasaje una gran experiencia simbolizada en una pulsera naranja de tela. Y que si alguno lee esto diga “pero ¿en qué festival ha estado éste?, si no dice nada de Black Lips ni de Neon Indian”.

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