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22 jul. 2010


Galas mellem vikingerne på Roskilde - Galas entre Vikingos en Roskilde

Por Carol&Su

Para entender la experiencia Roskilde hay que ponernos un poco en situación. Para empezar, Roskilde ha sido la culminación de mi semana de vacaciones en Copenhague (Galita) visitando a nuestra corresponsal más internacional (Su). Casualmente llegamos a Roskilde para ver sobre todo a Muse, digo casual, porque hace poco firmaba una crónica sobre el grupo, y Su ya hizo lo propio hace unos meses sobre la visita de los ingleses a la ciudad danesa.

En cualquier caso, como comentaba, hay que ponerse en situación. A nuestras espaldas llevábamos: España en cuartos, que ese mismo día se jugaba el pase a semifinal (y ahora somos Campeones!!), acampada la noche anterior en tierras salvajes danesas, viajecito involuntario en tren por la Dinamarca más profunda, una semana de pedaleo por calles danesas y otras tantas situaciones, que vengamos a tachar de inusuales, y es que la vida en Copenhague no es tan relajada como parece. Para colmo, hasta el último minuto, como quien dice, no tuvimos confirmación de poder entrar en el festival (entradas agotadas desde hacía semanas para el sábado del festival por primera vez en su historia).

Y esto nos pasa por indecisas… ¿Carol vamos a Roskilde? No sé, ¿Tu qué opinas Su? Pues tampoco estoy muy segura… y claro, así transcurrieron los días hasta que cuando fuimos a comprar las entradas, UDSOLGT!!!!! Lo que significa agotadas. Menos mal que tras casi un año en Copenhague empapándome del mundillo musical, yo (Su) recurrí a mis contactos y al final conseguimos un par de entradas para el día que mejor cartel reunía. Hay que mencionar que Roskilde es el festival escandinavo más antiguo y más famoso. Suele tener muy buen cartel pero predominan los grupos locales, que en su mayoría no son muy conocidos en nuestro país.

Con todo esto, es decir, a prueba de sustos, la primera impresión que te llevas según bajas del autobús que te lleva desde la estación del pueblo de Roskilde (solo destacado por el festival mismo, y por un museo vikingo...) es la de acabar de aterrizar en el siglo 3 en pleno apogeo del imperio romano. Porque eso es lo que parecía, un asentamiento de un ejército romano, solo que en lugar de centuriones, lo que hay son muchos vikingos y muchas banderas de distintas nacionalidades (incluida "Hispania") ondeando en las tiendas. Casi 100.000 personas acamparon en la que fue la 40 edición de este festival.

Con este panorama, no nos queda otra que definir el festival de Roskilde como un macro festival. De dimensiones descomunales, necesitas al menos dos horas para recorrer todo el recinto, sin detenerte en exceso en cada puesto. Y esto solo a nivel de ocio, no musical. La cantidad, casi indecente, de gente que circulaba por el recinto (sin contar que los distintos puntos de acampada no estaban deshabitados) hacían casi imposible llegar con cierta comodidad de un sitio a otro. Supongo que en el fondo tuvimos suerte, ya que para cuando entramos, la gente estaba cansada, borracha y principalmente concentrada en los distintos escenarios, esperando más música. Esto nos permitió echar un vistazo al lugar con cierta libertad y llevarnos las primeras impresiones. Suciedad, inmundicia, mal oliente... aquello más que una congregación de seres humanos, parecía una pocilga, en el sentido más amplio de la palabra, sin ley ni orden. Una vez que te acostumbras al olor, y te alegras de no tener que pasar allí más que unas horas, empiezas a apreciar el espectáculo. Y no es otro, que los dispares seres que desfilan antes nuestros ojos. Desde los claramente disfrazados, como un grupo de chicos vestidos de cocodrilos,

a personajes cuya vestimenta no deja claro si es disfraz o es que sencillamente los han dejado salir del manicomio.

Las chicas destacan por su “no-vestimenta” a pesar de que una vez cae la noche, el tiempo te recuerda que estás en Escandinavia. Bastante curioso es que la noche cae aproximadamente a las 11 y algo y a las 4:30 ya está amaneciendo. Increíble estar en alguno de esos 5 mega escenarios de los que se compone Roskilde casi todo el rato de día o con cielo que nunca llega a ennegrecerse.

Y ya no hablemos, del hecho de que, ya sea el alcohol, o el calor humano, los daneses (en su mayor parte) pierden toda su civilizada frialdad para volverse, auténticos vikingos. La cerveza la compran en cantidades industriales y la introducen en el recinto en trolleys, carritos de bebé o carros de la compra. En el área del festival lo mínimo que puedes comprar es medio litro y el producto estrella era la jarra de Tuborg de 2 litros.

Además de los múltiples puestos de bebida, en el macro recinto del festival se podía comer desde las clásicas hamburguesas o perritos calientes hasta pasta, sushi o churros españoles!!!!

Y si buscas diversión y entretenimiento mientas esperas los conciertos, puedes comprarte unas Converse personalizadas, montarte en los columpios o darte un baño en la piscina; sin olvidar que si vas al festival completo puedes participar en su clásica carrera nudista.


El cartel de este año reunía grupos de todo tipo:
- Lo mejorcito en el panorama danés como Kashmir, Nephew, Turboweekend, When Saints go Machine, The Floor is Made of Lava o Dizzy Mizz Lizzy. Desde aquí os recomendamos Kashmir y Nephew.
- Las grandes estrellas del cartel y grandes clásicos como Muse, Prodigy, Jack Johnson, Kings of Convenience, Prince, Alice in Chains, Gorillaz o Patti Smith.
- Otros grupos conocidos como LCD Soundsystem, Vampire Weekend, Kasabian, Circle, Porcupine Tree y grupos que están pegando muy fuerte este año como Them Crooked Vultures, Delphic, Florence and The Machine o Biffy Clyro.

El sábado 3 de julio, el espectáculo comenzaba a las 12:00 pero el plato fuerte no vendría hasta las 22:30, hora en la que Muse aparecía en el emblemático escenario Orange de Roskilde. Como siempre, una escenografía espectacular y diferente a la vista aquí en Copenhague o a las de Madrid. Bellamy y los suyos tocaron durante hora y media (ni un minuto más) su nuevo Resistance y algunos de sus clásicos, si bien de nuevo se echaron en falta grandes temas, Bliss entre ellos.


El concierto tuvo la gran calidad a la que nos tienen acostumbrados estos ingleses pero faltaba potencia, y no porque el grupo no lo diera todo, sino porque los altavoces situados en la mitad del área del público no estaban encendidos. Esto hacía que el volumen fuera relativamente bajo para ser un concierto y no llegabas a meterte en el ambiente 100%. Esto no pasó ni por asomo más tarde con The Prodigy.

vídeo Prodigy


Tras finalizar el concierto de Muse, nos vimos prácticamente arrastradas por un mar de gente que intentaba llegar a los demás escenarios. En este caso elegimos la difícil empresa de ir al escenario Arena. Casi 15 minutos esquivando gente, haciendo malabarismos para no perder a los acompañantes y todo esto aderezado por una insoportable polvareda que apenas te dejaba respirar. Por fin conseguimos llegar, para escuchar, obviamente desde “fuera” del recinto de este escenario, a Robyn, artista escandinava cuyo sonido pop/rap/electrónico recordaba un poco al estilo Ting Tings.

De haber podido disfrutar del concierto, hubiésemos pasado un buen rato, pero ante la experiencia vivida, decidimos recolectar un poco de zumo de cebada (en jarras de 2 litros) para regresar al escenario Orange y conseguir un sitio “privilegiado” (a unos 200 metros del escenario) para disfrutar de los que probablemente eran los culpables de la masificación de ese día en el festival. Los ingleses The Prodigy.

Ellos, sin duda, fueron los grandes reyes de la noche. Hicieron vibrar a un público totalmente entregado durante casi 2 horas con sus grandes éxitos. Y cuando hablamos de público, hablamos de unos cuantos miles de personas que rodeaban el escenario desde cualquier punto posible. Los Fucking Prodigy consiguieron que todos los asistentes se postraran a sus pies, literalmente, ya que poco antes de finalizar el concierto lograron que todo el público se agachase a la vez, de tal forma que durante unos segundos, todo el público estábamos a la misma altura, a ras del suelo y cantando (al menos así pudimos ver el escenario).



Aunque ninguna de las dos somos seguidoras de este tipo de música, hemos de reconocer que saltamos y vibramos como los miles de vikingos que nos rodeaban, era imposible no dejarse arrastrar por toda esa energía. Unos con estandartes, otros con pulseras y collares fluorescentes, otros impecablemente vestidos, otros semi desnudos… pero todos ellos extremadamente blancos, rubios y borrachos.

Tras esta experiencia única, iniciamos una nueva “retirada” al escenario Arena, para ver lo que sería, para nosotras, el último concierto de la noche. Ya nos habían advertido que íbamos a ver a un grupo balcánico, así que las expectativas pasaban de la incredulidad a la curiosidad con bastante facilidad. Cuando conseguimos llegar, no sin dificultades, el concierto ya había comenzado, pero esta vez si conseguimos entrar dentro del recinto. Para nuestra sorpresa cientos de seguidores bailaban alegres al ritmo de Shantel&Bucovina Club Orkestar, un grupo de música balcánica que a riesgo de lo que pueda parecer, eran muy buenos y con todo tipo de instrumentos sobre el escenario y virtuosos músicos al timón, conquistaron a un público muy entregado. No era para menos cuando tienes al mando de la orquesta al hijo secreto de Roberto Benigni y Guille Toledo, que derrochó más energía que todos los asistentes juntos; estos desgastes sobre el escenario siempre son muy agradecidos.



Obviamente no es el tipo de música que esperas oír cuando vas a Roskilde pero… esto es otra muestra de que la música no tiene fronteras.

En definitiva, Roskilde es un festival escandinavo para escandinavos… Si quieres ver rubios/as, altos/as, muy borrachos y muy guarros, es decir, si quieres volver a la era de los vikingos, Roskilde es tu festival.


VI SES I 2011!!!!

Fotos por: Carol&Su y http://roskilde-festival.dk

1 comentarios:

Nax dijo...

Siempre nos quedará la duda de "¿y si contratan a un grupo menos por día, y lo que se ahorran lo invierten en mejorar los acondicionamientos?"