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23 oct. 2012


La faraónica dinastia de Muse

Fue en el 2009 cuando Muse dejó al público madrileño con la boca abierta con la puesta en escena del show de la gira Resistance. Pocos meses después volverían para reventar el Vicente Calderón con una nueva escenificación aún más espectacular.

Tres años después los británicos vuelve a hacer acto de presencia en la capital española para presentar el que es su sexto disco, The 2nd Law, nombre que tiene su origen en la segunda ley de la termodinámica, aquella que dice que “la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse con el tiempo”... Difícil relacionarla con la máxima de este disco cuyo un mensaje es el de tener confianza en la pervivencia y evolución del ser humano frente al desgaste al que están abocados los recursos energéticos.

Musicalmente, en este disco, Muse ha empezado a coquetear con su lado más pop y electrónico, consiguiendo un trabajo más sencillo y divertido, pero perdiendo algo de la idiosincrasia de Muse. Hecho que provocó ciertas dudas de lo que nos depararía su nuevo espectáculo.

Un escenario oscuro, con una serie de pantallas a pie de pista y una simple pasarela que rodeaba el escenario era el nimio escenario que decepcionaba al primer vistazo. Después de estar acostumbrados a la grandiosidad de sus anteriores escenografías, lo que allí había se quedaba cortísimo. Con ese paisaje comenzaban las primeras notas de la instrumental The 2nd Law: Unsustainable. Con esa salida, el escenario ya no parecía tan escaso, la batería atronaba y el despliegue lumínico comenzaba a estar a la altura de lo que se esperaba, muy lejos aún de lo que faltaba por llegar.

Siguieron Supremacy y el primer gran bombazo Hysteria con la que medio Madrid se entregó a los brazos de los londinenses.

Con el público totalmente entregado a las primeras de cambio, hizo aparición la cuarta protagonista de la noche. Una inmensa pirámide invertida de gigantes pantallas, descendía de los cielos como si de una nave espacial se tratara, al ritmo de SuperMassive Black Hole.


Los faraones Muse ya tenían su pirámide y el pueblo a sus pies. Ahora sí se alcanzó la grandeza a la que nos tienen acostumbrados Muse. Desde este momento el show paso de ser grande a enorme, gigante. La majestuosidad de la pirámide suspendida sobre las cabezas del grupo que bailaba al son de sus canciones iluminando con sus proyecciones el palacio, volvía a desencajar las mandíbulas que ya lo hicieron en otras ocasiones.
Mr. Bellamy saludaba con un '¡Buenas noches!' al público que inmortalizó en el vídeo clip de Resistence en este mismo lugar, ejemplo de resistencia con el movimiento 15-M. El público, que recibió este tema como un regalo, correspondió con una ascendente catarsis.

Tras estos primeros clásicos dieron paso a temas nuevos como Panic Station, cuyo sonido nos recuerda a Bowie, y Animals donde proyectan en las pantallas de la gran pirámide la subida y caída de un tiburón bursátil sin escrúpulos, nuestra historia viva...

Bellamy posa sus dedos sobre un piano transparente que ilumina cada nota en su tapadera, para presentar Explorer. Estado de latencia que se continúa con Falling down. Demasiada tranquilidad para lo que las ansiadas almas requerían. Esa calma quedaría deshecha con Time is running out.

En este sexto trabajo ha habido más protagonismo del bajista Christopher Wolstenholme, poniendo su voz a 2 de las canciones. En esta ocasión, fue Liquid State la elegida para que Chris tomase el micrófono y nos contase como superó su alcoholismo.

A su término, sonó Madness con sus toques dubstep que la convierte en una de las mejores canciones de este último trabajo. Si no te sabes la letra no importa, solo hay que leerla en las gafas de Bellamy. Otro ejemplo más de la originalidad y búsqueda por sorprender.

Continuaron con Follow Me y Undisclosed Desires con Dominic Howard iluminando su batería a cada golpe de percusión. Todo el mundo estaba ya en una nube, cantando, bailando, flotando... Para elevar a ese público unos cuantos pies más Plug In Baby. Y como dejado al azar, una ruleta decidiría que la siguiente canción fuera New Born, en detrimento de Stockholm Syndrome. Al termino de ésta el grupo desaparecía bajo la pirámide que había invertido su posición cubriendo el escenario por completo, mostrando pantallas de televisión con las imágenes más tristes y caóticas de este mundo.

Pero lo mejor estaba por llegar. La tremenda Uprising vestía a Belleamy de Uma Thurman que eliminaba enemigos por doquier. La épica de la imprescindible Knighs of Cydonia dejaría exhaustos a todos después de galopar como locos sobre sus lomos. 


Ya solo quedaba tomar un poco de aire para terminar con la gran Starlight y cómo no, con Survival, himno de los últimos juegos olímpicos de Londres.

Un cierre perfecto para un concierto casi perfecto. Intenso, vibrante, espectacular,... Se acaban los adjetivos para definir los conciertos de Muse. Son mucho más que un concierto. Son un auténtico deleite de luz, sonido, tecnología e imaginación. Una lucha constante por sorprender. Da igual que un disco sea más o menos flojo, el show está garantizado.

El propio Bellamy avisó que  este verano volveríamos a vernos las caras; otra nueva ocasión para quedar pasmado con Muse.
 

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