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19 dic. 2012


Entre amigos con Alex Ferreira

Últimamente disfruto del frío invernal como nunca antes. Me encanta perderme por la bruma nocturna de las calles semi vacías de Madrid sin más ruido que el de mis pensamientos. Me pierdo en ellos aderezándolos con notas musicales. Normalmente con sonidos melancólicos idóneos para estos días. Paseos largos que pueden llegar a su fin al encontrarme con un cartel que anuncia un concierto íntimo protagonizado por Álex Ferreira.

Parece una gran forma de terminar una gélida noche al calor de las canciones del dominicano, así que irresistiblemente atravieso la puerta de Contraclub. Al otro lado, una pequeña sala con menos de 50 personas sentadas en el suelo que sonríe, casi sin aplaudir, cuando el protagonista de la noche aparece sobre el escueto escenario, que tan solo dispone de una banqueta, una guitarra, un mono ukelele y un micrófono.

Tímido y encogido, como si el frío de la calle lo entumeciera, nos saluda cual reunión de amigos se tratase. Quizás casi fuera así. 


Los primeros versos que Álex recita son las que nos encontramos en su último disco El Afán. Suenan sus canciones más profundas, las que nos hablan de sus experiencias, pocas veces alegres. Las notas melancólicas que suenan idóneas para mis fríos paseos. 

Álex, entrado en calor, se encuentra mucho más cómodo, todos los estamos. Tan cercano y simpático como acostumbra no deja de hablar y matar los tiempos muertos con anécdotas. Una que podrá contar fue el aprieto en que se metió al versionar a Caetano Veloso con una brasileña entre el público. Todo terminaría con un aprobado para su portugués.

La noche se adentra en canciones del pasado y comienza a recorrer sus primeros éxitos como AltoparlantePáginas que nos sumerge en los amores perdidos. La mirada absorta y sonrisa cómplice del público nos cuenta  que todos alguna vez tuvimos que pasar página. Justo antes, habíamos podido tener en una misma canción la famosa En una nube y Ay, Paciencia! Justo después, disfrutamos de Bienvenida la Velocidad, tocada a bajas revoluciones dándole un exquisito nuevo toque.

Antes de marcharse con Me pierdo contigo nos cuenta el paripé que va a hacer para el bis. Nadie quiere que se vaya. La canción, tocada tan solo con el ukelele, suena preciosa. Una auténtica delicia.

Nada más terminar, se esconde tras un cartel pidiendo al público que le pida otra. No era necesario que lo hiciera, pues el público antes de marcharse ya se lo estaba pidiendo.  Irremediablemente volvería para estrenar una nueva canción que todavía no tiene título. La canción habla de lo Mierda que es París sin ti.... ¿Alguna sugerencia?

La canción que tenía pensada para el final no podía ser otra que El Afán, en la que nos encontramos momentos íntimos y  momentos límite cuando suena suena estribillo. Canción pegadiza convertida en su actual emblema.

Y esta era la última canción que tenía en mente tocar, pero cuando el ambiente es tan bueno y cercano, todos queríamos más. La lluvia de peticiones no sería satisfecha, en gran parte por la mala memoria de Álex para recordar sus propias letras, así que la canción elegida para marcharse fue Espérame en el Cielo de Antonio Machín. Una despedida al amor perdido con la esperanza de volver a reencontrarse. Alegoría ideal para despedirnos hasta volvernos a ver.

Punto y final a uno de los conciertos más especiales que he vivido. Tan cercano e íntimo que se podía tocar la magia en el ambiente. Pese a la cantida de veces que dijo que con banda es mucho mejor, el concierto fue perfecto.

El mejor cierre que podía imaginar a esa fría noche que tanto logré disfrutar; en gran parte, a las notas melancólicas con las que Álex la adornó.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Preciosa crónica.

Alberto Garcia dijo...

Agradecemos mucho que te haya gustado.

Muchas gracias por leernos.